Y después…

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De las vacaciones que tuve la semana pasada, volvemos a la carga, y con eso me refiero a ¡hornear!

Al volver había que empezar a preparar las cosas para Halloween. Aquí en España no tenemos tradición de celebrarlo, no como en otros países, que lo celebran de distintas maneras.

En mi caso supone una ocasión para ser creativa en la decoración de pasteles.

Así que empecé con los cake pops. Que, para el que no los conozca, son unas bolas de bizcocho pinchadas en un palo y decoradas súper cuqui. En realidad, un invento americano infernal, que es lo más complicado con lo que me he encontrado en repostería. Requieren medir y pesar con precisión los ingredientes, y mucho tiempo de refrigeración, por no hablar del tiempo que lleva de preparación y decoración.

Lo bueno de los cake pops es que te permiten destrozar un bizcocho entero, y eso es genial, cómo cuando un niño rompe un castillo de arena.

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